Quilmes High School

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Temas de Interés

A veces los padres nos sentimos desconcertados

A veces los padres nos sentimos desconcertados ante diferentes situaciones. Es común que ante el ímpetu, el ritmo   y cierta  demanda que la sociedad nos impone, uno pierda distancia  y no tome las decisiones acertadas. Muchas veces nos vence la famosa frase de "si todos lo hacen…" o "si todos van…" o "si todos lo miran…" o "si todos lo usan… será que está bien".

Las maestras del Jardín Quilmes High School pensamos que los chicos  se benefician cuando los padres y maestros actuamos "convencidos" (no "vencidos") de que nuestras decisiones son las correctas para cuidarlos bien.

A veces  la confrontación de ideas nos ayuda a ver más allá, a no conformarnos con lo "común" y buscar mejor calidad de pensamiento   para  transmitir a nuestra vida y a la de nuestros hijos.

"Reflexionemos" es un espacio creado para expandir ideas y propone temas de análisis y debate   que no pueden faltar entre quienes se preocupan por brindar algo mejor.

Kindergarten staff

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Red de salud - Los padres de la generación X

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Sobre la iniciativa de los más chicos

Por Maritchu Seitún

Para que los chicos se animen a investigar, experimentar, inventar, descubrir, aprender y sobre todo aprehender, necesitan permiso para equivocarse, para fallar, para ensuciarse, para hacer ensayos sin preocuparse demasiado por los resultados (ni por la prolijidad o la limpieza del proceso).

La mayoría de los más chiquitos tiene gran entusiasmo por probar cosas nuevas. Los que no lo muestran es probable que tengan alguna dificultad: son muy sensibles (podría ser tanto física como emocionalmente), o están demasiado atentos a la mirada del adulto referente, o no se sienten seguros de sí mismos. También puede ser porque la mirada de los adultos que los rodean es muy crítica.

Sin darnos cuenta, los padres "normales" vamos frenando sus iniciativas con nuestros gestos, miradas, palabras, reacciones. ¿De dónde viene esta tendencia, tan alejada de lo que deseamos para nuestros chicos? Los adultos nos juzgamos permanentemente a nosotros mismos y entre nosotros, resaltamos los errores ajenos, también los propios (estos últimos, en silencio y con vergüenza), siempre tratando de hacer las cosas bien, rápido y eficientemente. Y trasladamos esas exigencias a nuestros hijos: a cada rato estamos redirigiendo su rumbo, y no siempre es necesario: "Por ahí no", "Hacelo así", "Más arriba", "Así no", "Con más fuerza", "Por el otro lado", "¡Pará!", "¿Qué hacés?", ya sea en la tarea de matemática, en la construcción con ladrillos o en la forma de colocar los soldaditos de juguete para la batalla: opinamos sobre todo e interferimos sus procesos, no los dejamos ensayar, equivocarse ni ¡aprender!

Si los dejáramos hacer, también aprenderían que equivocarse no es el fin del mundo para nadie...

Lo mismo puede ocurrir al conversar con ellos: cuando en lugar de prestar atención plena a lo que nos quieren contar, estamos más atentos a la forma en que hablan o se mueven, o criticamos el contenido de lo que dicen, o los interrumpimos, los hacemos callar, nos reímos, les damos sermones, etc.

Créase o no, hacemos todo esto por amor, ya sea porque los queremos y queremos ayudarlos a mejorar o porque es lo que nuestros padres hicieron con nosotros y creemos que eso es buen amor.

Queremos transmitir nuestra experiencia y evitar que sufran, pero anulamos su iniciativa.

Qué distinto sería si nos acostumbráramos a mirar en silencio, a disfrutar viéndolos hacer descubrimientos (obvios para nosotros pero no para ellos), a ayudarlos cuando lo piden y no antes, o a decir "a mí me enseñaron de otra forma", "interesante tu intento", "¡qué buena idea!, a ver si se puede".

La realidad es que esos intentos desprolijos, desordenados, imperfectos, no logrados son indispensables. No podemos hacer casi nada sin hacer primero experimentaciones que obviamente a veces salen mal. Cuando estamos alertas y abiertos (sin buscar a quién echarle la culpa) aprendemos más de lo que sale mal que de lo que sale bien.

Ejemplo nimio pero válido: ¿cómo tiene que ser el espesor de una masa de torta para que salga rica y esponjosa y no un masacote? La receta lo explica, pero a veces hay que hacer más de un ensayo para lograrlo.

Tratemos de sostener la inventiva, las ansias de investigación, la curiosidad de nuestros chicos, toleremos y celebremos sus errores, no es lo mismo decir "está mal" que declarar "buen intento, probá otra vez". Lo más complicado para nosotros, adultos, es que al intentarlo vamos contra nuestra crianza (que seguramente no recordamos, aunque está dentro de nosotros y dirige nuestras palabras y reacciones); y contra una sociedad que quiere resultados y se mide por ellos, cuando en la infancia lo que vale son el entusiasmo, la curiosidad, los intentos y la capacidad de esforzarse en función de los anteriores.

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“Los chicos se fortalecen cuando se les ponen límites”

La especialista en niñez y adolescencia asegura que los padres suelen ser flexibles con sus hijos porque tienen miedo de que dejen de quererlos o temen que sufran, entre otras cosas.

Por Mariana Otero

“Es importante retomar el viejo concepto de que con la edad crecen los derechos y también las obligaciones, para que los chicos tengan ganas de crecer y también de independizarse”. De este modo resume la psicóloga María Seitún de Chas (Maritchu) la necesidad de establecer límites en los niños y adolescentes por parte de sus padres.

La especialista asegura, entre otras cosas, que, en ocasiones, los padres son demasiado flexibles por miedo a que los hijos dejen de quererlos o por temor a que sufran.

Seitún de Chas, orientadora de padres y coordinadora de equipos de Psicología de Niñez y Adolescencia del Centro Médico Domingo Savio en San Isidro, dará el martes una conferencia abierta sobre “Paternidad responsable y feliz”. Sobre este tema dialogó con La Voz del Interior.

–¿Por qué a los padres les cuesta tanto decir que no o poner límites?

–Hoy los padres buscan que su hijos sean felices y para eso los consienten, sin darse cuenta de que el buen límite fortalece y que el dolor es necesario. A veces porque son hijos de padres autoritarios y no quieren hacer lo mismo; otras porque sus padres fueron permisivos y no saben hacer otra cosa; otras porque da más trabajo poner límites que dejar que los hijos hagan lo que quieran, y otras porque escuchan a otros padres o leen posturas que favorecen que el niño continúe siendo el rey, ya no majestad el bebé como llamaba Freud a los más chiquitos. Su majestad el hijo entonces no ayuda a poner la mesa, ni hace la tarea, ni quiere ir a bañarse... Y esos chicos no quieren crecer porque convertirse en padres implicaría una tarea enorme, lo que ven hacer a sus propios padres, que no están dispuestos a hacer.

–Es común escuchar a los padres de que sus hijos son una especie de “tiranos”. ¿Qué problemas acarrea dar con todos los gustos?

–Son hijos en apariencia fuertes porque dan órdenes y quieren ser obedecidos, pero en realidad son frágiles, porque no saben frustrarse, esperar, ni esforzarse, no saben ponerse en el lugar del otro, no aceptan obligaciones ni responsabilidades. Es importante retomar el viejo concepto de que con la edad crecen los derechos y también las obligaciones, para que tengan ganas de crecer y también de independizarse. ¡De un hotel cinco estrellas y gratis, nadie quiere irse!

–A veces los padres tienen miedo a ejercer autoridad.

–Jaime Barylko hablaba del “miedo a los hijos”, tememos que dejen de querernos, o hacerlos sufrir: en la sociedad de hoy el sufrimiento tiene mala prensa, no hablo de hacerlos sufrir a propósito sino de aprovechar los dolores de la vida diaria en lugar de esquivarlos. Otras veces nos da fiaca o pereza, o nos da culpa porque trabajamos mucho y los vemos poco.

–Muchos chicos hoy están solos o al cuidado de terceros, ¿cuál es la clave para evitar que se desdibujen los roles ante la ausencia?

–Si la internalización de las figuras parentales fue adecuada durante los primeros años, y por lo tanto tienen una conciencia moral establecida, estarán en mejores condiciones cuando estén solos o lejos de sus padres. No es una garantía pero esos padres siguen hablando “desde adentro” de ellos, funcionan como brújula y los ayudan a tomar mejores decisiones. Hoy los chicos pasan mucho tiempo junto a su pares, y si esa internalización no fue suficiente toman a los amigos como brújula y entonces andan a los tumbos.

–¿Qué se considera paternidad responsable y feliz?

–Hablo de paternidad responsable cuando los padres se hacen cargo de acompañar a su hijo hasta su madurez plena y colaboran para que esta madurez ocurra, teniendo en cuenta las diferencias de cada hijo. De esa paternidad responsable surge sin esfuerzo la paternidad feliz porque esos padres logran poner límites adecuados, tienen exigencias razonables, no esperan imposibles, pero tampoco son esclavos de sus hijos como ocurre con los padres permisivos.

Publicado el 11 de abril de 2015, fuente.

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"Papá, dejá un minuto el teléfono y mirame a mí"

Según un estudio, la dependencia hacia los dispositivos móviles es un riesgo para el vínculo entre padres e hijos
Por Soledad Vallejos  | LA NACION


Gastón Tejes y su hija Juana, que suele "retar" a su papá por el uso excesivo del celular.
Foto: LA NACION / Silvana Colombo

Juana le llama la atención a Gastón. Le pide: "Por favor, dejá un minuto el teléfono y mirame a mí"; le dice que quiere contarle algo importante. Cualquiera podría pensar que es la clásica escena de una madre con su hijo adolescente. Pero no. Juana tiene ocho años y Gastón es su padre, quien reconoce a LA NACION que, en muchas ocasiones, sigue pendiente de su teléfono celular aun en los momentos que deberían estar dedicados exclusivamente a los hijos o a la familia, como en la mesa. "Me ha pasado en más de una oportunidad y está bueno reflexionar sobre el tema. La conectividad sin límites puede ser genial, pero también hay que aprender a darle un corte. Además, mal podemos restringirles a nuestros hijos el uso de la tecnología cuando nosotros no somos capaces de hacerlo." Lo que le sucede a Gastón Tejes es un fenómeno global en crecimiento, y que los investigadores del Departamento de Pediatría del Centro Médico de la Universidad de Boston ya se encargaron de estudiar.

Para evaluar el fenómeno, los expertos se instalaron en distintos restaurantes de comidas rápidas durante dos meses para observar los patrones de comportamiento sobre el uso de los teléfonos celulares en los grupos en los que hubiera un adulto acompañado por uno o más niños menores de diez años. Los resultados fueron publicados en marzo pasado en la revista Pediatrics, y el equipo de expertos llegó a la conclusión de que la dependencia hacia estos dispositivos perjudica la relación entre padres e hijos.

¿Qué sucedió? De los 55 grupos observados, en casi el 75% de los casos los adultos utilizaron dispositivos móviles durante la comida. El grado de interacción con los celulares iba desde no sacar el teléfono o ponerlo sobre la mesa (menos del 10% de los casos) hasta usar el dispositivo casi en forma constante, lo que ocurrió en un total de 40 casos.

Según cada grupo, las actitudes de los niños variaban. "Algunos parecían aceptar la falta de atención y se entretenían solos. Los que estaban acompañados por otros niños jugaban y charlaban entre sí, y algunos reaccionaban con angustia y malos comportamientos, lo que solía provocar una respuesta de enojo sorpresiva por parte de los adultos", describieron los investigadores del estudio.

"Los adultos tenemos que aprender a racionalizar el tiempo que destinamos a nuestra actividad en línea. Hay que definir momentos libres de pantalla y, sobre todo, cuando se trata de la crianza de los hijos. Cuando uno se ausenta del vínculo presencial, le resta al chico potencialidad en su desarrollo psicoemocional. Ellos necesitan de la mirada del adulto, del estímulo, del tacto, de la atención exclusiva -señala el doctor Guillermo Goldfarb, secretario del grupo de trabajo en Tecnologías de la Información y Comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP)-. La oferta de conectividad es intrusiva, y recién ahora estamos aprendiendo a convivir con eso. Hay que entender que lo que se pone en juego es nada menos que el desarrollo de nuestros hijos."

Como parte de su nueva campaña (compartituoreo.com.ar), la marca de galletitas Oreo realizó un estudio online sobre los hábitos de los padres y madres de hoy. En la encuesta, realizada por OH! Panel, más de la mitad de los 360 entrevistados estuvo totalmente de acuerdo con "la necesidad de jugar a otras cosas y generar diálogo con sus hijos por fuera de la tecnología", mientras que dos de cada diez adultos reconocieron que sus hijos les piden que usen menos el celular. Además, siete de cada diez piensan que los padres de hoy pasan poco tiempo jugando con sus chicos. Y más del 90% aseguró que, antes de salir de su casa, chequea llevar consigo el codiciado dispositivo.

Cuando los papás de Carmela anunciaron el destino de sus próximas vacaciones, la pequeña de diez años los sorprendió con una frase: "Antes del smartphone las vacaciones eran más lindas, porque mamá no estaba chateando todo el tiempo y mandando fotos a sus amigos". Para Silvina, la madre en cuestión, la observación de su hija se sintió casi como un cachetazo. "Me mató, y lo peor es que tenía razón."

La psicóloga Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres (escuelaparapadres.net), reflexiona sobre las actitudes que suelen tener los niños cuando los padres están hipnotizados ante sus dispositivos móviles. "Los niños más pequeños suelen hacer berrinches o tener actitudes definidas erróneamente como de mal comportamiento para recuperar la atención perdida, y los adultos suelen reaccionar con el enojo y poniéndolos en penitencia. En el vínculo entre padres e hijos falta comunicación, hablar cara a cara desde las emociones, lo que genera un verdadero problema en la construcción del yo y potencia la patología del vacío."

Ni culpar ni demonizar

Para el doctor Mario Elmo, de la comisión directiva de la SAP, es importante no caer en la demonización de la tecnología y desterrar el mito de que antes los adultos eran más dedicados con sus hijos. "No existían los celulares, pero utilizaban otras formas de desatención. Hoy, el recurso tecnológico es el nuevo fenómeno de distracción social y hay que aprender a lidiar con eso. No hay que culpabilizar a los padres, sino más bien hacer una reflexión sobre el problema dentro del contexto social actual."

En la infancia, dicen los especialistas, los padres modulan -entre otras cosas- la forma en que sus hijos luego establecerán sus propias relaciones. Por eso el contacto cara a cara, sin distracciones, es clave. "En muchos casos -dice la doctora María Inés Lupsz, pediatra del Hospital Posadas-, después de un lardo día de trabajo llegan a sus casas y siguen conectados. No logran desenchufarse. Los pediatras recomendamos a los padres poner límites a sus hijos frente a la computadora. Lo mismo vale para ellos."

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Aprender términos relacionados con la dimensión espacial mejora las habilidades espaciales en los niños

Un reciente estudio muestra que los niños de preescolar que oyen a sus padres describir el tamaño y la forma de objetos, y luego usan los términos ellos mismos, se desempeñan mejor cuando se evalúan sus habilidades espaciales, las que son importantes para las matemáticas, la ciencia y la tecnología.

El estudio es el primero en demostrar que aprender a usar un amplio rango de palabras relacionadas con la dimensión espacial predice el pensamiento posterior de los niños sobre la cuestión espacial. Los niños que escucharon y luego reprodujeron 45 términos relacionados con la dimensión espacial mostraron un aumento de hasta el 23% en la calificación de pruebas no verbales sobre el pensamiento espacial.

"Los resultados sugieren que el lenguaje usado por los niños en relación a la dimensión espacial durante su desarrollo temprano predice sus capacidades posteriores", afirma Susan Levine, psicóloga en la Universidad de Chicago, y coautora del estudio que publica este mes ela revista "Developmental Science".

El hallazgo aporta nueva evidencia sobre la importancia de exponer a los niños a palabras relacionadas con conceptos matemáticos. En investigaciones previas, Levine y otros colegas demostraron que hablar sobre matemáticas con los niños a temprana edad aumentaba enormemente su desempeño en la materia.

"En vista de los hallazgos que muestran que el pensamiento espacial es un predictor importante del desempeño en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, es necesario explorar las formas usadas para introducir a los niños en el uso de estos términos", escribe Lavine en el artículo "El pensamiento espacial en los niños: ¿importa hablar sobre el mundo espacial?".

Junto a Levine, el artículo fue firmado por Shannon Pruden, profesora de Psicología en la Universidad Internacional de Florida (EEUU), y Janellen Huttenlocher, profesora emérita de Psicología en la Universidad de Chicago (EEUU).

El estudio comprendió a 52 niños de entre 14 y 46 meses de edad, los cuales fueron filmados junto a sus madres en sesiones de 90 minutos con intervalos de 4 meses, registrando la cantidad y frecuencia de uso de términos como "ancho", "alto", "círculo", "triángulo", "curvo", "borde", "ángulo" y otros similares, tanto por parte de las madres como de sus hijos.

Al cumplir cuatro años y medio, los niños fueron evaluados en su capacidad para rotar objetos mentalmente, copiar diseños y efectuar analogías espaciales. Por cada 45 palabras adicionales en su vocabulario espacial, los niños mejoraron un 23% en las pruebas sobre analogías espaciales, y un 15% en las de rotación mental.

Fuente: Universidad de Chicago, EEUU. Leer nota original.

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Aprender una segunda lengua cambia el modo en que vemos al mundo, revela un estudio

Aprender un segundo idioma cambia literalmente el modo en que percibimos la realidad. Una investigación de la Universidad de Newcastle, en Inglaterra, confirma que las personas bilingües piensan de un modo diferente respecto de aquellas que sólo dominan una lengua.

Mas aún, no hace falta ser experto en el segundo idioma; la investigación mostró que es el uso del idioma, no su calidad, lo que hace la diferencia.

Panos Athanasopoulos, a cargo de la investigación, trabajó con hablantes de inglés y japonés, registrando el uso de los idiomas y su eficacia, y comparó estos datos con el modo en que percibían el color azul.

La percepción cromática es un mecanismo ideal para verificar los conceptos bilingües, porque hay una enorme variación donde cada idioma fija los límites en el espectro de colores.

En japonés, por ejemplo, hay mútiples términos para el azul pálido y el oscuro que no existen en el inglés.

"Descubrimos que las personas que sólo hablan japonés distinguen más entre el azul pálido y el oscuro que los hablantes de inglés", comenta el Dr. Athanasopoulos. "La extensión con que los hablantes bilingües adoptaban cada norma dependía de cuál de los dos idiomas usaban con mayor frecuencia".

"Al mismo tiempo que se aprende el vocabulario y la gramática, subconscientemente se aprende un modo totalmente nuevo de ver al mundo", afirma el Dr. Athanadopoulos. "Hay una conexión irreducible entre el idioma, la cultura y la cognición".

"Si uno está aprendiendo el idioma en un aula trata de alcanzar logros específicos, pero si se sumerge en la cultura y el habla, piensa de un modo completamente diferente".

Aprender una segunda lengua "también puede hacer que uno comprenda mejor su propio idioma, y le da una oportunidad de reflexionar sobre su propia cultura", agregó el Dr. Athanasopoulos.

Fuente: Science Daily, EEUU. Leer nota original.

Ref: Panos Athanasopoulos, Ljubica Damjanovic, Andrea Krajciova, Miho Sasaki. Representation of colour concepts in bilingual cognition: The case of Japanese blues. Bilingualism: Language and Cognition, 2010; 14 (01): 9 DOI: 10.1017/s1366728909990046

 
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